Ella me ruega que ponga fin a su sufrimiento
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Mi pequeña Olivia ha pasado por más de lo que la mayoría de los adultos podrían soportar. Su lucha comenzó desde que nació. 💔
Llegó a este mundo demasiado pronto, pesando solo 800 gramos y midiendo tan solo 31 centímetros.
Durante tres meses que parecieron una eternidad, observé su diminuto cuerpecito dentro de la incubadora, con máquinas respirando a través de sus frágiles pulmones.
Luchó contra la sepsis, la neumonía, varias transfusiones de sangre e infecciones que casi me la arrebatan.
Los médicos me dijeron que tenía muy pocas posibilidades de sobrevivir, pero Olivia se aferró a la vida.
Estuve a su lado todos los días, rezando y susurrándole que tenía que resistir, y de alguna manera lo logró.
Dos años y medio después, llegó otro golpe devastador.
La crié desde su nacimiento y me di cuenta de que no siempre reaccionaba a mi voz.
En el fondo, sentía que algo no andaba bien.
Tras semanas de pruebas, nos dijeron la dura verdad: pérdida auditiva neurosensorial profunda, grado IV, sordera total.
Seis meses después, se sometió a su primera cirugía para colocarle un implante coclear. Estaba aterrorizada, pero ella fue muy valiente.
Un año después le colocaron el segundo.
Luego vinieron años de rehabilitación agotadora: sesiones interminables con logopedas, profesores de educación especial y neuropsicólogos.
Día a día la acompañaba de la mano en cada revisión y, poco a poco, paso a paso, aprendió a escuchar y a comprender.
Pero en la primavera de 2025 nuestro mundo se derrumbó de nuevo.
Durante una revisión médica, los médicos encontraron una masa en su riñón derecho.
Pruebas posteriores confirmaron nuestro peor temor: un nefroblastoma, un tumor renal maligno.
El nefroblastoma, también conocido como tumor de Wilms, es uno de los cánceres infantiles más agresivos.
Algunos niños responden bien al tratamiento, pero en casos complicados como el de Olivia, la tasa de supervivencia disminuye significativamente.
Si el tumor no se puede extirpar por completo y la quimioterapia no logra eliminar todas las células malignas, el cáncer se propaga muy rápidamente.
Los médicos me lo explicaron con detalle, pero se me rompió el corazón al comprender lo que eso significaba para mi pequeña. Le recetaron cuatro ciclos de quimioterapia y luego una operación.
El tratamiento fue extremadamente duro.
Pasó noches vomitando, días con una debilidad tremenda, un dolor que ningún niño debería sentir.
Y, sin embargo, nunca dejó de luchar.
Estuve a su lado todo el tiempo, sujetándole la mano mientras los monitores sonaban, pidiéndole a Dios que le diera fuerzas para seguir luchando.
En junio le realizaron una resección laparoscópica del riñón.
Nunca olvidaré esas interminables horas de espera fuera del quirófano, con el pecho oprimido por el miedo.
Por un momento hubo esperanza, pero cuando llegaron los resultados, la noticia fue devastadora: los cirujanos no pudieron extirpar todo el tumor porque estaba demasiado cerca de grandes vasos sanguíneos y órganos vitales.
Su caso se considera extremadamente raro y muy complejo desde el punto de vista médico.
Los protocolos estándar, cirugía más quimioterapia, ya se habían probado sin darnos el resultado que tanto deseábamos.
Los médicos me dijeron que, debido a esta complejidad, Olivia ahora necesita tratamientos avanzados que simplemente no existen en la mayoría de los hospitales. Se trata de técnicas quirúrgicas altamente especializadas, realizadas solo en unos pocos centros, y con acceso a terapias experimentales como fármacos dirigidos e inmunoterapia, que actualmente se están probando fuera del país.
Estos tratamientos innovadores están diseñados especialmente para niños como Olivia, cuyos tumores no responden a la medicina tradicional y cuyas vidas dependen de los últimos avances científicos.
Su historial médico ya ha sido revisado por clínicas de renombre en el extranjero y recibimos una invitación oficial para su tratamiento.
No es una opción más: es la única posibilidad real que tiene de sobrevivir.
Para mí, esta noticia fue a la vez una bendición y un tormento.
Saber que hay esperanza, pero que está tan lejos y es tan difícil, me rompe el corazón.
El costo es altísimo: cientos de miles de dólares entre tratamiento, hospitalización, viaje y meses de estancia en el extranjero.
Vivo una vida sencilla y he criado a Olivia casi completamente sola.
No hay manera de que pueda pagar semejante suma.
Todos los días lloro, aterrorizada por perder a la niña que se convirtió en mi mundo entero. La idea de verla desvanecerse solo porque no puedo pagar su tratamiento es insoportable.
Por las noches me siento junto a su cama, sosteniendo su manita y preguntándome si mañana seguirá conmigo.
Desde el día en que nació, he sido su madre, su protectora, su apoyo.
Juntos hemos superado cada batalla.
El tratamiento que podría salvar la vida de Olivia existe, pero está lejos y es increíblemente caro.
Sin él, sus posibilidades de supervivencia son extremadamente bajas; con él, hay esperanza.
Por favor, ayúdenme a salvar la vida de mi hija.
Cada donación y cada muestra de apoyo de su parte es un rayo de esperanza que puede mantener a mi pequeña Olivia conmigo. 💛
Las donaciones benéficas procesadas para esta campaña son recibidas y distribuidas por la organización “World Champions”.
El número de identificación fiscal 580716371 corresponde a una organización sin fines de lucro registrada.
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Correo electrónico: info@world-championss.org
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Cuando se determine que el fondo ya no es necesario, los recursos restantes se destinarán a las actividades de la organización sin fines de lucro, en beneficio de los niños con cáncer en el marco de las acciones de la organización.
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